Conozca los testimonios de la vida y obra de Chiquitunga

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Paraguay.- María Felicia Guggiari Echeverría, más conocida como Chiquitunga, es la primera beata paraguaya. Testimonios de quienes la conocieron afirman que era una santa desde joven, incluso mucho antes de ingresar al convento.

María Felicia nació en Villarrica el 12 de enero de 1925. A los 14 años se unió a la Acción Católica y trabajó ayudando a niños, jóvenes, ancianos y a todo aquel que lo necesitara.

Murió el 14 de agosto de 1955, a la edad de 30 años. Las personas que la conocieron la recuerdan como una mujer sencilla, entregada y llena de  amor hacia los demás.

La hermana María de Jesús del Monasterio de las Hermanas Clarisas

La hermana María de Jesús actualmente vive en el Monasterio de las Hermanas Clarisas. Ella fue alumna de catequesis de Chiquitunga. Manifestó que las enseñanzas que le dejó la beata la encaminaron hacia la vida consagrada.

“Su sencillez, el amor hacia el prójimo, su profundo amor hacia Jesús Sacramentado son los principales recuerdos que tengo de ella. Nos enseñaba con dibujitos. Ella siempre tenía un guardapolvo blanco y el mismo peinado. Era una mujer muy alegre”, señaló la  hermana María de Jesús.

Además, agregó que para ella la santidad era parte de la vida de María Felicia. “Ella ya ingresó al convento siendo una santa. Su vida fue y es un verdadero testimonio de santidad”.

Testimonios de Blanca Lila Mercedes Garcete, ahijada de Chiquitunga

Doña Blanca Mercedes, mejor conocida  como “Ña Ninón”, era ahijada de Confirmación de María Felicia.  Actualmente tiene 77 años de edad y vive en el centro de Villarrica y guarda entrañables recuerdos de la beata.

La señora explicó que para ella “hablar de Chiquitunga es todo un privilegio”. Comentó que la beata era una persona que siempre fue distinta. Enfatizó la humildad, la sencillez y el amor que tenía hacia los más necesitados.

 “Chiquitunga ya era una santa desde joven, incluso mucho antes de ingresar al convento”, aseguró su ahijada.

Doña Blanca recordó el último día en que vio y abrazó a su madrina. “Ella vino a despedirse de mí cuando iba a ingresar al convento. No puedo sacarme de la mente ese día. Fue la última vez que la vi. Le dije que yo la necesitaba y ella me dijo que rezaría por mí”.

 Por otra parte, se dio a conocer que en Villarrica existe una hermandad llamada “Chiquitunga”, su objetivo principal es imitar los pasos de Chiquitunga. Constantemente regalan y venden recuerdos para dar a conocer a la beata.




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